Casa de ejercicios

El Santuario, lugar privilegiado de la presencia de Dios, en la visión normal es un lugar donde se privilegia el culto, –la devoción-; también es un lugar donde las personas asisten buscando una actuación extraordinaria de Dios –milagro– por su situación de dolor y angustia de la que ellos desean salir.

El Santuario de Atotonilco es caso único, no tiene paradigma, la gente asiste a una experiencia religiosa distinta, asisten para buscar un cambio en el comportamiento de vida –conversión-, que se favorece por la escucha de la Palabra de Dios, –semilla que siembra Cristo el Sembrador– que aunque no afloran inmediatamente están en el corazón humano y que esperan el tiempo propicio para emerger y dar fruto. Es una experiencia muy original y única en América Latina.

Esta originalidad nos hace sentirnos obligados a tocarla con mucho respeto y su base histórica de más de 246 años así lo requiere. Además de que a pesar de los cambios culturales de los pueblos la gente sigue buscando esta experiencia de fe.

La diversidad cultural de los asistentes (ejercitantes) plasman un colorido muy especial en la “Casa Santa”, que bajo la dinámica de los ejercicios espirituales, de “corte ignaciano” impulsan a una experiencia de santidad, privilegiando el sentido de fraternidad, de ser familia del Padre Dios, que los lleva a descubrir, renovar y fortalecer la fe bautismal, creciendo en la comunión principalmente con su familia de origen, en un encuentro lleno de emociones que surgen de la decisión de dar y recibir el perdón como fruto principal de su encuentro con Jesús Resucitado.

La mayoría de los ejercitantes, provenientes de distintas partes del país, tienen experiencia agrícola, a veces olvidada por la emigración a las grandes ciudades en busca de trabajo y otro nivel de vida para la familia, pero esas raíces, que recuerdan el mandato del génesis (Gen 3, 19 “comerás el pan con el sudor de tu frente…) les hacen vivir con mayor facilidad y entrega generosa la vida austera de los 8 días de ejercicios en este lugar, donde cualquier sacrificio no es nada comparado con el gozo de estar en la Santa Casa bajo la mirada de María, Virgen de la Luz y “Nuestro Padre Jesús”.

Hay muchos actores que intervienen: Obispos, sacerdotes, celadores, equipo de religiosas, personal de servicios y de apoyo; en todos ellos se asume, de manera integral, una actitud de fe y de respeto frente a esta experiencia religiosa. Nos parece importante resaltar, ante todo, la generosa participación laical de celadores y celadoras que dedican buena parte de su tiempo a la conquista de almas para acercarlas al Divino Pastor, involucrando en esta acción evangelizadora no solo al ejercitante sino a toda su familia y de gran repercusión en la comunidad.

Cuando visitamos sus comunidades parroquiales, nos damos cuenta del gran esfuerzo que implica, vivir unos ejercicios espirituales en la Santa Casa. Un desplazamiento que lleva largas horas de viaje, compensando este sacrificio la paz de la Casa Santa y el corazón renovado en un regreso al hogar lleno de nuevas ilusiones y el anhelo de vivir mejor. Las estadísticas de este milenio nos dan un balance de asistencia promedio en 49 000 personas al año, en 32 semanas de actividades indicando con ello la búsqueda de un camino que los lleve a vivir mejor su vida.

Ante el impacto de la tecnología, que ha creado una gran confusión, donde se pierde la memoria histórica, y la presencia del fanatismo que anula la razón y borra la realidad, surge entonces la necesidad de un testimonio vivencial como componente clave de la vivencia de la fe, algo positivo y que conlleva a su vez riesgo, porque el lenguaje testimonial no admite la posibilidad del error. El celador y el ejercitante admite, sin afán de presunción, convertirse en un ejemplo de cambio de vida.

La comunión con el Doc. De Aparecida, nos invita a enfocar la labor de este lugar, en las dimensiones de la Vida de Jesús que le da sentido y plenitud, una vida que toca al ser humano de manera integral, que lo lleva a vivir la alegría como fruto de su existencia en la casa que el Padre ha creado para todos.

Desde este proyecto de Aparecida llevamos a cabo nuestra labor evangelizadora en sus 5 dimensiones:

La buena nueva de la dignidad de la persona humana: Aparecida (104) pone tres elementos para captar la dignidad humana…

  • La creación: don de Dios con respecto a todos es imagen y semejanza de Dios sobre todo por la capacidad de amar.
  • Elevación del mundo: Asociación a Dios en la conservación y perfección del mundo, somos creadores no parásitos de la historia, asociarnos a su obra creadora nos dignifica
  • Redención: Nos hacemos hijos suyos por habernos redimido “a precio de sangre”, el nos ama y nos redime.

La buena nueva de la VIDA(106-113)
La Buena Noticia de la Familia (114-119)
La Buena Noticia de la Actividad Humana (120-122)
La Buena Noticia del destino Universal de los bienes y la Ecología(125-126)

Nuestra misión es presentar a Jesús y su Evangelio fortaleciendo estas dimensiones para que la gente encuentre en el evangelio una respuesta a las preguntas existenciales que se hace a diario. Ser portadores de Buenas Noticias. Sobre todo ahora que necesitamos reconstruir el tejido social. Los ejercicios espirituales nos llevan a recuperar el sentido de lo existencial ante la voluntad de vida de Dios manifestado en su Hijo Jesucristo

La experiencia desde el padre Alfaro, centrada en el misterio pascual, aunque ganara a veces la Pasión, (disciplina, penitencia y coronación) nos lleva a fortalecer y a centrar todo adentrándonos cada vez más en el kerigma (muerte y resurrección). El misterio pascual, kerigma, va sacramentalizado y según el sacramento que se celebre brilla más un aspecto del misterio. Así la Cruz es vista con una luminosidad extraordinaria. Es la gran diferencia con el protestantismo, que solo tienen un sacramento, el Bautismo. La Eucaristía y los otros sacramentos hacen plena a la Iglesia. La tradición evangelizadora del P Alfaro, sustenta lo actual, era el modo de evangelizar de la Iglesia, siempre kerigmatica, en el siglo XVII.

La Diócesis de Celaya vive su sentido misionero a través del servicio de la Casa de Ejercicios, la labor que se realiza es interdiocesana y con tintes internacionales gracias a los emigrantes que van a los EE UU. En consecuencia es importante decir que los sacerdotes que estamos en el Santuario de Atotonilco dando este servicio valoramos el sentido misionero de este lugar y sentimos la importancia de ejercer el ministerio en este lugar.